El poblado

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    La vida del poblado de Cafarnaún se desarrolló a partir del s. II a.C. La mayor parte de las informaciones sobre Cafarnaún, donde vivieron Jesús, Pedro y los demás apóstoles, están contenidas en los Evangelios. El poblado, que surgió en la orilla septentrional del Lago de Galilea, debía de encontrarse cercano a un ramal de la Vía Maris, la antigua arteria que conectaba a Egipto con Damasco, tal y como testimonia la presencia en el lugar de una estación de aduanas (Mt 9,9; Mc 2,14; Lc 5,27) y el hallazgo de una piedra miliar del emperador Adriano (117-138 d.C.). En Cafarnaún vivía un centurión (Mt 8,5ss; Jn 4,46; Mt 8,5ss), se pagaban los impuestos religiosos para el templo (Mt 17, 24-27) y los públicos para el erario romano (Mc 2,14).

    La vida de los habitantes se desarrollaba entre las labores cotidianas: la pesca era una de las actividades más rentables. Los hermanos Andrés y Simón, después llamado Pedro, y los hijos de Zebedeo, Jaime y Juan (Mt 4,18-22; Mc 1,16-20), «eran pescadores». Gestionaban una pequeña empresa pesquera con barcas de su propiedad y contaban con algunos aprendices (Lc 5,1-11; Jn 21,1-11).
    Muchos utensilios de la vida cotidiana, como las ruedas de molino de basalto para el trigo (Mc 2,23; Mt 12,1; Lc 6,1), para triturar las aceitunas o pisar las uvas, revelan algunas de las actividades laborales que durante siglos fueron realizadas cotidianamente por los habitantes.
    Las casas, agrupadas en barrios delimitados por carreteras, estaban construidas con piedras de la roca local de basalto, unidas con barro y tierra y pavimentadas con piedra (cfr. parábola de la mujer que ha perdido la moneda, Lc 15,8-10).
    La vida se realizaba principalmente al aire libre, a lo largo del arenal, en la carretera y en los patios privados. Varias familias del mismo clan compartían los espacios de la casa, formada por habitaciones que daban a un patio al exterior o a un largo pasillo (cfr. parábola del amigo inoportuno de Lc 11,1-13). El techo de terraza tenía distintas funciones: para dormir en las noches calurosas, para secar las redes, para secar al sol el pescado o los frutos locales -como los dátiles de la palma-, y estaba construido con troncos y hojas amasadas con barro prensado (cfr. episodio del paralítico que se cayó del techo Mc 2,3-12; Lc 5,17-26).

    Al norte, apenas a las afueras del poblado se encontraba la zona funeraria, de la que se ha descubierto un mausoleo de época imperial con cinco sarcófagos de piedra y ocho celdillas de kokhim (tumbas de arcilla).

    Las excavaciones han demostrado cómo, a partir del s. IV, mejoró la calidad de vida del poblado: se construían casas o se arreglaban utilizando maltas de calidad, mientras que llegó una gran cantidad de cerámica elegante de las costas de África, de Chipre y de Grecia. Además, las monedas encontradas en la zona urbana pertenecen en su mayor parte a la época imperial (295-491 d.C.) y a la bizantina (491-648 d.C.). Y es precisamente en la época bizantina cuando se realizaron las monumentales construcciones de la sinagoga y de la iglesia octagonal sobre la casa de Pedro.

    Con el inicio del periodo árabe (s. VII) el poblado comenzó a perder progresivamente importancia. Solamente algunas viviendas siguieron siendo utilizadas, se rehicieron los pavimentos y las paredes en ruinas fueron sustituidas por otras nuevas. Los signos de la presencia árabe quedaron también reflejados, como los diversos grafitos con juegos grabados en las piedras y en los estilóbatos de la sinagoga, que perdió la función de sala de oración debido a la creciente islamización de la población. Con el tiempo, muchos edificios abandonados se derrumbaron y consecuentemente, los últimos pescadores que fueron quedando abandonaron también el poblado no más allá del s. XIV.

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